Las grandes historias no pueden comenzar vulgarmente. Vamos otra vez con la batallita: Yo conocí a Javier Álvarez siendo los dos esquizofrénicos, obsesivos, locos peligrosos y puede que zoofílicos. Nuestro nexo femenino -residente en USA- nos enseñó a masomenos follar y a escribir bien Jin Yarmus (J I N Y A R M U S), pero también nos dotó de las citadas e ¿imaginarias? patologías. Hasta que, claro, el camino inverso del Samurai apareció en nuestras vidas. Otro día prometo contar aquella de cuando una mañana recorrí Ponferrada disfrazado de Templario sin ser carnaval.
Desde entonces Javier ha evolucionado, al menos mentalmente, a un estado del pensamiento al que sólo se llega:
1. Recibiendo un ladrillazo en un lugar muy concreto de la cabeza.
2. Trabajando horas y horas para desarrollar una creatividad y un estilo desbordantes.
Es de recibo reseñar sus últimas cosas. Y también las de ayer:
Está disponible su último disco, Déjate morder de Dúo Cobra. Al principio me dio la impresión de que se había vuelto maricón del todo, pero no. Es un disco exquisito con muchísimo trabajo de producción detrás.
Los vídeos de LaFollable, tan alabados. Algunos colgados a precio conejo en VideoArtWorld.
Un Fotolog lleno de recopilaciones para que los catetos como yo quedemos bien en las situaciones en las que hay que quedar bien.
Aquí, más serio. Y lo de aquí, sorpresa.
Un pila humana.
En los últimos tiempos sólo he sentido amor por dos objetos: mi cámara y mi coche. El segundo, un magnífico y servicial aparato alemán con un motor V6 de 200 cv, reposa para siempre bajo un trapo en un lugar que no puedo revelar. Me dio lo mejor de su vida: tres vueltas al planeta, tres vueltas de cuero, salitre y puro placer sonoro y mecánico. Sólo me entenderán los que no tienen lugares para pensar o no saben pensar en otros lugares. A veces desaparecía durante kilómetros, y sólo quedabas tú, tus pensamientos y casi siempre una llanura con olas de centeno.
El primero, mi queridísima, sólida como un ladrillo y nada espectacular D70s, me lo acaban de robar dos hijos de la grandísima puta (juraría que estos mismos, por cierto). Sin violencia, con cobardía, al despiste. Como homenaje a sus muertos más frescos y a ella misma, pobrecita, he subido como quince fotos de golpe. Quince fotos que no me parecían demasiado buenas pero que ahora veo como un tesoro. Casi todas están tiradas con un objetivo Nikkor de 50mm con más años que la luz y una abertura de 1,4. También, aunque más feas, están aquí por aquello de socializar.
En muchas sale un señor con bigote y camisas raras del que hablaremos a fondo, si no me roban el portátil, mañana.
A ver cómo explico esto sin ponerme en plan gurú cansino. Ese vídeo de ahí arriba (y otros quince o veinte) se transmitió en directo con un móvil a eso de las 7:30 de la mañana desde el AVE Barcelona-Madrid y se reprodujo en ADN.es con un retraso de apenas 5 segundos. Ya lo contamos en esta nota de autobombo pero lo resumo. Desde hace unos días ADN.es colabora con Qik (ellos también lo cuentan), una herramienta que te permite emitir vídeo en directo (con audio), chatear con el tipo que maneja el móvil (que te responde haciendo cosas o hablando) e incrustar el canal donde te de la gana. Además, cada vídeo crea una URL propia y se puede descargar. Como siempre con estas cosas, no es nuevo en el mundo especializado (en concreto lo vimos en el blog de Héctor Milla), pero sí en los medios.
Después de un curro del quince -por ambas partes- lo hemos estrenado con dos reporteros cojonudos que han transmitido el viaje y la llegada de los AVE MAD-BCN y viceversa. El resultado aquí, aunque lo mejor es probar uno mismo y verlo en acción. La sensación de diálogo real con un usuario que está en Mórdor es impresionante -aunque pronto dejará de serlo por normal- y abre una serie de posibilidades periodísticas que empalman-excitan a cualquiera que tenga letras en las venas.
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Plus. Los dos viajes en Qik: Madrid-Barcelona | Barcelona-Madrid.

Era una cama alta, de forjado, de la que daba miedo caerse. Un escudo de armas con San Jorge lacerando al dragón. (Fulcanelli decía -cito de memoria- que se trata de la búsqueda de la pureza, la separación de lo tosco y de lo valioso. La lanza es de madera pero termina en plata, el mercurio es la princesa. Es una reacción siempre peligrosa de la que conviene protegerse, de ahí la armadura). Una mesa antigua con grabados que no eran de ese siglo, como los misterios del suelo. Una bañera exenta con una ventana justo encima, para disfrutar del aire seco y cortante que subía desde el cementerio judío, allá en las profundidades del farallón natural sobre el que reposábamos. Era un buen sitio para leer a Borges.
Los lugares modifican, como el estado de ánimo, la experiencia de la lectura, esto es así. Por eso los libros nunca son iguales, por eso nadie nunca lee el mismo libro. Pero bueno, esto es una obviedad, casi tanto como este artículo de hoy en El País.
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Plus: Elogio de la sombra:
Sobre todo el final, porque la naturaleza es sabia:
Es mejor verlo en grande.
Vamos, que estoy vivo.
Nunca he tenido claro por qué me dediqué a esta profesión, pero estoy seguro de que Juan Antonio Cebrián tuvo algo que ver. Llevaba casi tres lustros oyéndole. He crecido con él. Tras el golpe inicial caí en que era una de las pocas constantes que he tenido en estos años, junto a la familia y a un pequeño grupo de humanos excepcionales.
Cebrián era un maestro. Lograba el milagro de la transmisión exacta y concreta del conocimiento, esa sensación de comunión intelectual tan placentera y difícil de experimentar. Cebrián hablaba para todos, sabía manejar el lenguaje, no necesitaba artificios, no tenía que demostrar nada a nadie.
Sin deseo alguno de desmerecer al resto de programas nocturnos, esos que ceden amablemente la palabra (todas las palabras) a los oyentes, el de Cebrián era redondo, trabajado. Tenía una lógica que se cazaba al vuelo y que enganchaba. Mezclaba sin problemas a Barón Rojo con los Godos, a Fernando Rueda con las tertulias parapsicológicas (que, con sus cosas, me gustaban), el humor con la crítica bien hecha de cine. Tenía colaboradores que le seguían durante años, desde Turno de Noche, algo muy significativo.
Recuerdo perfectamente la emoción que sentía cuando -parece que han pasado eones- enviaba relatos (malos) a La Rosa de los Vientos para que me los leyera Paco de León. La mayoría no estaban escritos con anterioridad, los inventaba porque quería formar parte de aquello tan magnífico y armonioso que Cebrián había creado. Ahora lo ha vuelto a conseguir.
No somos todos iguales. Cebrián era mejor y siempre va a estar por aquí, de noche. Escondido en alguna frecuencia que sólo captaremos unos pocos.
No pude oír el programa homenaje, me superaba. Pero está aquí.
Especia melange bruta y sin editar (no son horas) de la Noche en Blanco de Madrid
Hace tiempo que no justifico ausencias, pero esta merece unas líneas. Combine usted la búsqueda de piso en Madrid en pleno verano con el lanzamiento de un medio de comunicación y obtendrá una de las situaciones urbanitas más jodidas -sin cruzar ni mucho menos el límite de lo trágico- que se pueden experimentar.
Afortunadamente ya hay resultados. ADN.tv, que me ha quitado el sueño los últimos días, va cogiendo forma. Además de la portada básica estamos haciendo unos boletines diarios que, sin pretender emular -ni ganas- a un informativo convencional, dan las claves del día. Lo sé, hay muchos fallos (recuerdo la palabra mágica: beta). Llevamos tres y la progresión es buena, ahora son sólo una muestra de lo que espero llegarán a ser. Vale lanzar dagas, pero no a las glándulas por favor.
Por otra parte, ya tengo choza para mí y mi águila culebrera. Es bonita, tiene terraza con vistas a medio Madrid, chimenea y una serie de cosas que no voy a contar por no hacer sangre.
Ya queda poco para que vea la luz el proyecto ADN.es. Mientras, el rodaje se desarrolla en DiarioADN.com. Rodaje pero dando gas, basta echarle un ojo a las secciones. Hoy por ejemplo en la cobertura del debate sobre el estado de la nación, entre otras cosas, hablamos con Iñigo Sáenz de Ugarte, Saúl Gordillo, Manuel M. Almeida y José Carlos Rodriguez.
Se ha reunido a un gran equipo HUMANO y técnico que, creo sinceramente, hará grandes cosas. Al menos, cosas distintas. Por lo pronto yo me estoy divirtiendo y aprendiendo, algo fundamental en esta profesión de locos.
Por razones de compatibilidad y sencillez, la web está integramente escrita en HTMLHablando de Corea, un enlace que se me queda siempre en el tintero. En Pyongyang está uno de los edificios más grandes del mundo: el hotel Ryugyong, un monstruo de 105 pisos y 330 metros de altura. Deshabitado. Se ve perfectamente en Google Maps.
Otra amiga, Rosa J. Cano, va más allá de la superficie que yo sólo arañé y se pasa un día entero con la ya famosísima de la muerte Jorja.
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Adriano Morán 2003-2007.